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Reflexiones sobre el autoabandono y la búsqueda de la autenticidad

Foto del escritor: soniacreamos
soniacreamos
10 jun
5 min de lectura

Actualizado: 7 jul

Hay libros que no solo se leen: se sienten como una pausa necesaria. Uno de ellos es Los cinco arrepentimientos de los moribundos, una obra que nos invita a mirar la vida desde una perspectiva profunda: la de quienes, al acercarse al final, pueden reconocer con más claridad qué fue realmente importante.


Más allá del dolor de la pérdida o del paso del tiempo, hay una pregunta que queda resonando:

¿Estoy viviendo una vida fiel a mí o una vida diseñada para no decepcionar a otros? Muchas veces creemos que estamos eligiendo libremente, pero en realidad vivimos atrapadas en expectativas, mandatos familiares, miedo al rechazo, culpa, complacencia o necesidad de aprobación. Y así, poco a poco, podemos empezar a alejarnos de nosotras mismas.


NO NECESITAS DEJAR DE AMAR.
NO NECESITAS DEJAR DE AMAR.

El autoabandono no siempre se nota al principio.


El autoabandono no siempre aparece como una decisión evidente. No siempre se ve como “me dejé de lado” o “renuncié a mí”. A veces se expresa de formas mucho más sutiles:

Dices “sí” cuando por dentro quieres decir “no”. Callas para no incomodar. Cedes para evitar un conflicto. Justificas el malestar de otros y minimizas el tuyo. Te adaptas tanto para sostener un vínculo que dejas de preguntarte qué necesitas tú.


Durante un tiempo, esto puede parecer amor, comprensión, madurez o responsabilidad. Pero si para mantener la paz tienes que desaparecer de ti, algo dentro empieza a pasar factura. Esa factura puede aparecer como ansiedad, cansancio, irritabilidad, tristeza, insomnio, tensión corporal, vacío o una sensación profunda de desconexión interna. No siempre estás agotada por lo que haces. A veces estás agotada por todo lo que callas para seguir funcionando.


Cuando vivir para otros se convierte en una forma de sobrevivir


Muchas personas no aprendieron a elegirse. Aprendieron a adaptarse. Aprendieron que para recibir amor debían portarse bien, no incomodar, no contradecir, no pedir demasiado, no expresar rabia, no poner límites, no ser “difíciles”.


Con el tiempo, el sistema emocional puede construir una creencia silenciosa:

“Si digo lo que siento, puedo perder el vínculo.” “Si pongo límites, puedo decepcionar.” “Si me priorizo, soy egoísta.” “Si elijo mi verdad, alguien puede dejar de quererme.” Entonces la persona no siempre se abandona porque no tenga valor. A veces se abandona porque una parte de ella aprendió que mostrarse, expresar o elegir distinto podía ser peligroso para el amor, la pertenencia o la aceptación.


Desde ahí, poner límites no se siente como un acto de autocuidado. Se siente como una amenaza.



Uno de los mayores arrepentimientos: no haber vivido una vida propia


Una de las grandes reflexiones que deja este libro es la importancia de haber vivido de acuerdo con la propia verdad, y no únicamente desde lo que otros esperaban. Esto no significa vivir sin responsabilidad. No significa abandonar vínculos ni actuar impulsivamente. Tampoco significa pensar solo en una misma. Significa algo más profundo:

Poder mirar tu vida y reconocer que no te traicionaste por miedo. Que no postergaste indefinidamente lo que tu alma sabía. Que no callaste siempre para sostener la calma de otros. Que no convertiste la complacencia en una forma de amor. Que no confundiste aguantar demasiado con amar mejor. A veces el mayor arrepentimiento no viene de habernos equivocado. Viene de no habernos permitido vivir con honestidad.


La culpa cuando empiezas a elegirte.


Cuando una persona empieza a salir del autoabandono, muchas veces aparece culpa.

  • Culpa por descansar.

  • Culpa por decir que no.

  • Culpa por poner límites.

  • Culpa por necesitar espacio.

  • Culpa por dejar de estar disponible para todos.


Pero la culpa no siempre significa que estás haciendo algo malo. A veces significa que estás saliendo de un patrón antiguo. Si durante años aprendiste a sostener vínculos desde la adaptación, es posible que elegirte se sienta extraño, incómodo o incluso egoísta. Por eso sanar no es solamente “poner límites”. Sanar también es ayudarle a tu sistema emocional a comprender que puedes cuidarte sin dejar de amar.


Sanar no es endurecerte.


A veces existe miedo a que poner límites nos vuelva frías, duras o indiferentes. Pero sanar no consiste en cerrar el corazón. Sanar es aprender a estar disponible para otros sin desaparecer de ti. Es poder decir:

“Esto sí puedo.”

“Esto no puedo.”

“Esto ya no.”

“Esto me duele.”

“Esto necesito revisarlo.”

“Esto no quiero seguir sosteniéndolo de la misma manera.”


Poner límites no siempre rompe los vínculos. A veces los vuelve más honestos. Porque un vínculo sano no debería pedirte que te abandones para conservarlo.


Preguntas para volver a ti


Esta reflexión no busca que tomes decisiones apresuradas. Busca invitarte a mirar con honestidad cómo estás viviendo. Puedes preguntarte:

¿Estoy viviendo desde mi verdad o desde el miedo a decepcionar?

¿Qué estoy postergando, esperando sentirme lista?

¿En qué vínculos me adapto tanto que dejo de escucharme?

¿Qué parte de mí cree que amar significa aguantar?

¿Qué necesito empezar a decirme con más honestidad?

¿Qué límite me daría más paz, aunque al principio me genere culpa?


Estas preguntas no siempre se responden de inmediato. A veces necesitan tiempo, acompañamiento y mucha compasión. Pero hacerlas ya es una forma de regresar a ti.


No esperes tocar fondo para volver a escucharte.


Muchas personas esperan a que el cuerpo colapse, a que la ansiedad se vuelva inmanejable, a que el vínculo se rompa o a que la vida se vuelva urgente para empezar a escucharse. Pero no necesitas esperar al final para preguntarte si estás viviendo una vida que se parece a ti. Puedes empezar hoy.

  • No desde la perfección.

  • No desde la culpa.

  • No desde la exigencia.


Sino desde una pregunta honesta: ¿Qué parte de mí he dejado de escuchar para no incomodar a otros? Volver a ti no siempre implica cambiarlo todo de inmediato. A veces empieza con reconocer lo que sientes. Con nombrar lo que necesitas. Con dejar de minimizar tu malestar. Con permitirte decir una verdad pequeña. Con elegir un límite posible. Sanar también es eso: dejar de vivir en automático y empezar a construir una vida más coherente contigo.



Una reflexión final


No necesitas dejar de amar para dejar de abandonarte. No necesitas endurecerte para protegerte. No necesitas romperte para darte permiso de cambiar. Puedes aprender a vivir con más verdad, más presencia y más respeto por lo que sientes. Y quizá ese sea uno de los actos más profundos de salud mental: volver a ti antes de que la vida te obligue a mirar atrás con arrepentimiento.


Si esta reflexión conecta contigo y sientes que te cuesta poner límites, elegirte sin culpa o dejar de vivir desde el autoabandono, puedes escribirme la palabra CLARIDAD.

En una sesión de Claridad Emocional online, revisamos qué patrón emocional se está repitiendo, qué puede estar generando ansiedad, culpa o desconexión interna, y cuál sería el siguiente paso terapéutico para ti.

Sonia Rivera

Psicología y psicoterapia

Atención online

 
 
 

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